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¿Cómo será el mercado de arte en los próximos años?

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El arte se adapta al tiempo en el que vive y en el futuro no será menos. El mercado de arte está cambiando de manera acelerada y ya cada vez existen menos excusas para no comprar cuadros onlineLa realidad aumentada, el poder de lo online o la tecnología blockchain llegan para mejorar la situación del mercado del arte. ¿Quieres conocer el resto de tendencias que adoptarán los protagonistas del futuro en el mercado del arte?

Auge del mercado de arte online

Las casas de subastas están viendo como el mercado online de subastas de arte están ganando terreno. Los jóvenes coleccionistas están más abiertos a arriesgar y probar nuevas formas de compra.
Las plataformas online llegan más y mejor a los compradores millenials porque es su ambiente. Para ellos, es más fácil comprar en tiendas de ropa online, la compra semanal en el supermercado online y las obras de arte, también, de forma online.
Sus hábitos en redes sociales hace que estén conectados a artistas y galerías. Ya sea a través de Instagram, Pinterest o el resto de redes sociales, o a través de correo electrónico o WhatsApp, como puedes hacer en nuestro ChatBox de la parte inferior derecha.
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La Realidad Aumentada en la experiencia de usuario

Las personas recordamos mucho más lo que nos hacen sentir que lo que leemos o nos cuentan. ¿Qué mejor experiencia para un coleccionista de arte que ver la obra en realidad aumentada?
Para los museos, ferias, galerías y exposiciones, la realidad aumentada ofrece una forma innovadora para que el público interactúe con sus muestras. ¿Y qué mejor que tener un público participativo en todas las partes del mundo? La realidad virtual permite que los usuarios estén cómodamente en su casa mientras disfrutan de una conferencia de arte o una feria como si estuvieran allí presentes físicamente.
Si bien la realidad aumentada ya ha llegado a varios sectores de compras como muebles o ropa, en el arte está comenzando. Empresas que apuestan por la tecnología son las que tirarán adelante con la realidad aumentada en el arte. Muy pronto podrás descargar nuestra app para que veas las obras de nuestros artistas allí donde quieras. ¡Te avisaremos!

La tecnología blockchain aumenta la transparencia

La tecnología blockchain une a artistas o coleccionistas de arte con inversores, aumentando la transparencia y reduciendo los costes. El blockchain también democratiza el mercado del arte; te permite adquirir una parte de la pieza, perfecto para pequeños inversores que no puedan adquirir la obra completa.
El blockchain puede alojar todos los detalles sobre una obra: desde datos del catálogo, los precios de la venta y la procedencia, junto a la vinculación de facturas y certificados de autenticidad.
Además, la tecnología blockchain permite a los artistas crear ediciones digitales de sus obras; así como los fotógrafos pueden lanzar un número limitado de copias. Así aseguran con esta tecnología que la propiedad se puede rastrear y verificar. Esto supondría que al comprar una obra de arte, el comprador supiera donde se ha vendido y a quién esa obra en el pasado.
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Comprar arte emergente como inversión rentable

Vivimos un momento creativo muy importante. Si echas un ojo a tu alrededor, verás a muchos jóvenes con una creatividad desbordante. Ellos serán los futuros protagonistas del mercado del arte. Si apuestas por ellos cuando comienzan, podrás rentabilizar tu inversión en sus obras.
Los artistas jóvenes están al día de las nuevas tendencias y culturas de todo el mundo, gracias a la globalización en que vivimos. Si las pinturas están lejos de tu bolsillo, puedes apostar por comprar fotografías o arte más asequible que los precios de las grandes subastas.
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Nuevos mercados protagonistas

Europa y Norteamérica han sido los grandes protagonistas del mercado del arte, pero las cosas cambiarán. Latinoamérica, Rusia, China y Asia en general, irán adquiriendo cada vez más protagonismo en el mercado del arte; tanto en artistas contemporáneos como en inversores de esos países.
En 2017, el país que más ganó en subastas de arte fue China con 5,1 billones de dólares. Le sigue de cerca Estados Unidos (4,97 billones $). Reino Unido está tercero en la lista con 2,47 billones $. Más lejos quedan Francia e Italia.
Esto no significa que Europa y Norteamérica se queden retraídas, ya que también seguirán en auge; solo que el resto de potencias vienen fuerte apostando por el arte como forma de inversión.
El mercado del arte está preparado para atraer a la próxima generación de coleccionistas. Solo los agentes del mercado del arte que sepan adaptarse a estos factores, lograrán ser los futuros protagonistas del arte. En Saisho nos adelantamos al futuro.
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¿Y tu que piensas? ¿De qué crees que dependerá el futuro del arte? ¿Cuáles serán las claves que definan el futuro del mercado de arte?

3 comments
  1. Victoria Ramirez
    Victoria Ramirez
    4 de febrero de 2019 at 12:15

    Excelente post, me ha parecido interesante la visión de futuro del mercado del arte, cada vez aumentan las ventas de arte online , Saludos

  2. Jorge Garduno
    Jorge Garduno
    3 de junio de 2019 at 19:37

    Yo considero que el arte en el futuro; tiende a cambiar; innovando nuevas tecnologías en donde será apreciado por los distintos sentidos a la vez. Utilizando nuevos materiales como humo o gas de colores creando formas distintas; en donde se podrá cambiar las formas constantemente; creando arte que evolucione al instante. Para así poder percibir un arte cambiante y no estático.

  3. Gustavo Grisoski
    Gustavo Grisoski
    14 de abril de 2020 at 00:14

    B”H
    CARTA AL ARTE
    Hoy es momento de considerar cuál es el verdadero contexto del arte. Desde el siglo 18 el mundo está siendo objeto de una transformación que ha venido modificando nuestras concepciones acerca de la realidad. Esta transformación se está manifestando cada vez con mayor fuerza. Es una transformación profunda que nos hace replantearlo todo. Y el arte se halla involucrado necesariamente.
    Cuando se es objeto de cambios tan profundos, la vista se dirige inevitablemente a lo esencial. Es decir, qué es la realidad que me toca vivir, y cuál es su sentido. Y en concordancia, cuál es el lugar que le correspondería al arte. Partiendo de esta consideración he resuelto poner foco a una cuestión que juzgo esencial en el arte y en la que a mi entender es preciso detenerse.
    Más allá de las múltiples definiciones que se han dado y que es posible dar, entiendo que bien puede definirse al arte como la armonía creada por el hombre, al constituir esto el punto en común a toda expresión creativa, como así también, en lo particular, al arte, en sus múltiples manifestaciones. Cuando se elabora un concepto, cuando se planifica una acción, cuando se construye una forma ya sea visual, sonora o de movimiento, o cuando se plasma una idea en la práctica, siempre hay una armonía subyacente que cohesiona y que da significado.
    En la armonía, las formas creadas encuentran su resolución. Armonía hay cuando las formas confluyen en un todo y eso sucede cuando funcionan todas ellas en un mismo sentido. Armonía es unidad. Este es un concepto muy profundo, que excede toda consideración intelectual.
    La unidad es un concepto espiritual. Cuanto más profunda es la unidad creada, más profunda es la armonía. La armonía no puede ser forzada, simplemente sucede cuando las formas se combinan de modo apropiado. Algo hay en ellas que remiten al alma a un estado superior.
    El camino de la creación conduce necesariamente a la unidad. Unidades hay de diversos niveles. Las hay de tipo físico, emocional, intelectual. Estas tres dimensiones resumen todo lo que el ser humano es, en su particular definición. Sin embargo, al profundizar en el concepto, se advierte que la realidad del ser humano es por mucho más vasta que lo que la define. Todos los aspectos de la realidad humana encuentran en el arte un correlato, pero en verdad la realidad excede el marco de lo estrictamente humano, para remitirnos a una dimensión más elevada, inaccesible a la razón.
    Hurgando en la realidad, y a medida que profundizamos, más nos percatamos de la existencia de un orden en el que la realidad se sustenta. Todo lo existente responde a leyes y a principios únicos. La diversidad de la existencia con todos sus matices, forma parte de una gran unidad que lo involucra todo.
    El principio de unidad de lo creado nos remite ineludiblemente al reconocimiento de que existe un Creador. Sólo un Creador pudo haber creado un orden de tal complejidad. La Unidad en su real significado, sólo es atribuible a Dios. Sólo Dios es verdaderamente Uno. La Unidad de Dios es absoluta, es decir infinita, y por tanto inaprehensible. Asimismo, toda unidad creada o por crearse, existente o imaginaria, conlleva el estigma de la limitación. La Unidad de Dios no es definible porque la mente no es capaz de comprenderla, es eterna e inmutable. La unidad creada es en cambio perfectible, sujeta siempre a variación.
    Decir que lo existente responde a un Creador que le da vida, es decir que la existencia es en sí misma Creación. La creación humana no puede sustraerse fuera del marco de la Creación Divina, pues de ella forma parte. Creación Divina y creación humana son por naturaleza diferentes: la primera surge de la nada, el Creador sobrevive a Su obra, y ella permanece siempre ligada a El; la segunda es recreación de lo creado, sobrevive a su creador, y le es independiente. Aún así, puede la creación humana intentar abrevar de los principios sustentantes de la Creación, asimilándose el hombre al Creador, para trascender, en la medida de lo posible, su condición. En lo que hace al artista, queda éste sumido necesariamente en la paradoja que es propia del arte, de poner de manifiesto lo inasible por vías de la forma.
    Esta paradoja es intrínseca al arte. Puede el artista intentar eludirla en los extremos límites de lo concreto o de lo abstracto, pero dichos intentos serán infructuosos. La paradoja subsiste porque la esencia de todo es la unidad, y la unidad lo incluye todo. La unidad reúne y resuelve en sí las antinomias, superando la contradicción.
    Siendo el principio sustentante de la creación, la unidad resulta ineludible. Antes bien, constituye su sentido y su razón de ser. En todo origen está implícita la finalidad. Todo lo existente responde a una finalidad y el arte no escapa a este principio. Ni puede el artista liberarse de su responsabilidad. En las profundidades del impulso creador, hay impresa una Voluntad que lo trasciende.
    De qué modo dará el artista respuesta en su arte a su finalidad última será algo
    privativo de su mundo personal, y por lo tanto incuestionable. Cada cual lleva en sí mismo su propia y particular limitación. De ella resultará el modo personal de cada artista de abordar su creación. Así surgen los estilos y las modalidades, dentro mismo incluso de los lineamientos consensuados.
    La limitación del artista es uno de los aspectos de la paradoja del arte. Tiende a reprimir su impulso trascendente, a la vez que provee a la forma un canal para su definición. La forma es en sí limitación, la sombra de la luz, lo que oculta a la vez que manifiesta. En sus particularidades la Unidad se manifiesta, tal como la luz a través de filtros de innumerables gradaciones, en todos sus matices.
    Así es el mundo en toda su multiplicidad, todo manifiesta la Unidad de la que proviene. Todo lo existente es Presencia Divina, todo lo creado está unido al Creador en unión indisoluble, y de El recibe vida. Pero esta unidad de lo creado con su fuente permanece oculta tras los velos de la multiplicidad. Cada cosa, cada ser parece existir por cuenta propia, con total independencia. Es tan vívido este ocultamiento, que es muy difícil sustraérsele. Correr los velos del ocultamiento para experimentar la unidad, requiere de esfuerzo y persistencia. Implica abrirse a la experiencia espiritual, anulando el ego para fundirse en lo Uno. Es un camino de trabajo interior. A cada instante recibimos nuestra vida, y ella no surge de modo espontáneo. Es el Creador el que nos la proporciona. La Unidad del Creador es absoluta. Todo lo que existe, la totalidad de los mundos creados son sólo en la medida de Su Voluntad.
    En la armonía, en la unidad de la experiencia creativa, se recrea un cierto grado de esta unión primordial. Cuando las formas confluyen, el alma la percibe. Nada engaña al alma, porque no depende de ella. Aquí reside la motivación del arte. Siempre es posible aspirar a recrear esta experiencia, y resultan incontables los caminos. Tantos como artistas e incluso como obras. Cada encuentro es único e irrepetible. Así también nos es dado apreciar que esta experiencia es perfectible. Siempre hay un grado mayor, un nivel más elevado de unidad, en función de la conexión interior y del trabajo personal. La experiencia creativa presenta un doble aspecto, por una parte la naturaleza del artista y por otra su intención. A dónde se dirige la voluntad del artista, esto delineará su camino y allí residirá el carácter de su obra. Hay siempre una lucha de superación en el artista que se manifiesta en su trabajo. Necesariamente habrá de vérselas con su naturaleza, y está en su libertad el modo de orientarla. El trabajo de superación implica la ruptura de un orden vigente, y su reemplazo por otro, de mayor amplitud. Cada orden, cada modo de unidad, constituye una interfaz en la que el ser humano interactúa con sí mismo.
    Dentro mismo de su intimidad puede el ser humano contactar al Creador. Esta es la vivencia de unidad en su máxima expresión, disponible a todos. Todo artista puede incorporar a su trabajo esta dinámica, abriendo su arte a la experiencia espiritual. La unidad es en sí misma espiritual, es lo que liga al alma con su fuente en Dios. El sentido mismo de la propia existencia requiere ser canalizado. Porque en este sentido primordial se halla enraizado el impulso creador que motiva al artista, dando por resultado al arte en su totalidad.
    Cada acción realizada, cada forma construida, cada mínimo gesto o intención guarda íntima correspondencia con fuerzas divinas que en ellos se inviste. Es decir que nada es indistinto ni insignificante. Todo tiene relevancia y afecta a lo demás. La creación humana se halla inserta en el infinitamente complejo mosaico de la realidad, que incluye tanto al mundo físico como la dimensión espiritual, en sus incontables niveles. En nuestro mundo confluyen e interactúan todas estas realidades, que conforman directrices que nos atraviesan.
    Así es que al crear, estamos impactando en el sistema multidimensional e inaprehensible de la realidad, del cual formamos parte. Sólo que no somos capaces de percibirlo claramente porque este mundo terrenal es de ocultamiento. Si así no fuera, no habría libertad de elección. Nos vemos obligados a elegir constantemente. Y la principal batalla que se libra dentro nuestro es entre lo material y lo espiritual, entre las tendencias contrapuestas que nos hacen inclinar a uno o a lo otro. El resultado de esta lucha se ve en el campo de la acción concreta.
    La lucha constante entre lo material y lo espiritual es el dualismo esencial de nuestras almas. Este mundo físico es un mundo de multiplicidad, en el que se oculta la Unidad Divina. Lo espiritual nos conecta en cambio a la Unidad. Entre lo múltiple y lo Uno se debaten nuestras almas, independientemente de nuestra voluntad. La Unidad es el reino de la luz, es decir de la verdad. En contraposición la multiplicidad es el ámbito de la confusión, de la mentira, del sufrimiento. En la multiplicidad hay verdades incontables, todas ellas relativas. En la Unidad se descorren los velos, la luz sale de su ocultamiento y la Verdad se impone por sí misma, y esto genera placer en el alma.
    La Unidad es el camino del verdadero placer, es el camino de redención de nuestras almas. Este camino requiere unir el cielo con la tierra, esto es, imbuir de espiritualidad la dimensión terrenal. Es el camino de la Redención que anuncian los profetas. Un camino ya iniciado y que ahora se está manifestando con más fuerza cada vez.
    Estos nuevos tiempos han hecho irrupción en el arte desde los inicios de la modernidad. Ahora nos hallamos enfrentados a un nuevo desafío, que opone los estándares vigentes a sus limitaciones. Un nuevo orden está pidiendo instaurarse. Ya la experimentación ha dejado de ser la consigna. La reformulación de lenguajes y de métodos ha transformado el escenario del arte, ampliando los recursos disponibles. Pero hoy el desafío es de otro orden. La experimentación y la novedad estaban bien para un orden de renovación. Los sistemas ya han demostrado su insuficiencia para responder a las demandas de una humanidad que no por haberse liberado de viejas estructuras ha dejado de sufrir.
    El desafío del arte es el desafío de la humanidad. Indefectiblemente estamos avanzando hacia un nuevo orden, un orden que favorecerá el desarrollo espiritual. No hemos de inventarlo ni imponerlo porque será un orden fundado en la verdad, y la verdad nos excede. Podemos adherir a ella, pero nunca forzarla. Es así que el arte se enfrenta al desafío de acompañar la nueva época, reformulando sus estándares.
    Cuáles son esos nuevos postulados en los cuales fundar la creación en este nuevo tiempo? Antes bien, es posible acaso siquiera sugerirlos? Cuáles son las nuevas formas o conceptos que reordenen los esfuerzos y los reconduzcan, de modo tal que confluyan hacia un mismo fin? Este ha de ser seguramente el escenario más deseable, el que condiga con las directrices que se hallan implícitas en la realidad vigente. Pero es posible pensar en una confluencia de tal orden, que admita en un todo unitario la diversidad sin número de la expresión artística? Podemos siquiera pensar en que los artistas se dispongan en un mismo sentido, con la convicción que se requiere, sin minar su impulso creador sino por el contrario potenciándolo? Este es sin duda para el arte su mayor desafío, el camino necesario que dará respuesta a su esencia misma. Para algo fue creado el arte, por algo el Creador dio al hombre su don de asemejársele. Hay una finalidad última, y en ella está el camino.
    Hablar de finalidad última es hablar de Redención. Redención en el Arte significa el arte de una humanidad perfeccionada, que percibe la realidad sin los velos que la cubren, y en la que se ha extinguido el fundamento de la mala inclinación. Un arte cuya modalidad hoy no podemos concebir, por estar sumidos en la confusión que es propia del ocultamiento.
    Hoy no es tiempo de abocarse a la construcción de un arte unificado. Para ello hará falta revelaciones que aún desconocemos. Lo que sí está a nuestro alcance es trabajar con un sentido de unidad, en la vida y en el arte. Tenemos a nuestra disposición la posibilidad de conectar con Dios, cuya Unidad sostiene y da sentido a todo, y en la cual las antinomias se resuelven. De dicha conexión puede el arte abrevar, ingresando a una dimensión hasta el momento inexplorada.
    GUSTAVO SERGIO GRISOSKI
    ABRIL DE 2020

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