Hay cenas que son puro ritual: luces cálidas, conversaciones que se deslizan entre lo profesional y lo personal, y ese momento —casi inevitable— en el que alguien brinda por “un buen año”. Pero, de vez en cuando, una cena se convierte en otra cosa: en una mesa donde se pone sobre la superficie una pregunta que normalmente queda oculta.
En la cena de Navidad de BNP Paribas, Saisho fue invitado de honor para abrir un diálogo poco habitual en un contexto financiero: cómo se reconoce la calidad de un artista y cómo se entiende su potencial de crecimiento sin depender únicamente del gusto o del “ojo” de unos pocos.


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Cuando el arte deja de ser “intuición” y se vuelve conversación
El arte contemporáneo siempre ha generado debate. No solo por lo que propone, sino por cómo se valora. Para muchas personas, el mercado del arte sigue pareciendo un territorio difícil de leer: precio, narrativa, prestigio, tendencia… todo mezclado. Y en ese ruido, a menudo se pierde lo importante: qué hace que una obra sea buena, qué hace que un artista tenga recorrido, y cómo se construye una carrera sólida.
Saisho llevó a esa conversación algo muy simple y muy ambicioso a la vez: un marco claro. Un modo de hablar de arte que no pretende “reducirlo”, sino hacerlo más comprensible, más discutible y, por tanto, más transparente.
Dos ejes para entender a un artista (y dejar de discutir “por sensaciones”)
En su intervención, Nicolás Fournié, co-founder & Chief Advisory Officer en Saisho, planteó una idea central: una obra puede emocionarte por muchos motivos, pero si queremos valorar con criterio necesitamos distinguir al menos dos capas:
- Lo formal: la técnica, la dificultad resuelta, el dominio del lenguaje visual y de los materiales.
No es “bonito o feo”: es nivel de decisión, riesgo y control. - Lo conceptual: la idea, la lectura, la innovación, la intención.
Desde que el arte dejó de ser solo representación y pasó a ser también pensamiento, este eje se volvió esencial.
Lo interesante es que este mapa no dicta qué es mejor. Solo te permite responder con precisión: qué tipo de artista tienes delante y dónde reside su fuerza.




“Calidad” no es gusto: es coherencia + dificultad + evolución
Uno de los puntos que más resonó en la sala fue este: un artista no crece solo porque guste. Crece cuando hay algo que se sostiene en el tiempo.
Saisho definió la calidad como el resultado de cómo un artista resuelve su propio “problema” (formal o conceptual) mediante una “solución” consistente: un ADN artístico reconocible, con evolución, con ambición, con capacidad de avanzar.
Y aquí aparece una regla fundamental: cuando un artista deja de experimentar, su valor artístico tiende a estancarse… y su valor económico deja de tener combustible real.
Valor artístico, valor económico y precio: tres cosas distintas
Otro de los aportes clave fue separar lo que casi siempre se confunde:
- Valor artístico: lo que la obra contiene (dificultad, coherencia, innovación, profundidad).
- Valor económico: la suma de lo artístico con la conexión emocional, el contexto, la demanda y el potencial de revalorización.
- Precio: el punto donde ese valor económico se cruza con el mercado real.
Dicho de otra forma: una obra puede tener un precio alto y un valor artístico discutible; o puede estar infravalorada y tener un recorrido enorme. Y distinguir eso —con método— cambia la manera de coleccionar.



Medir no es “poner números al arte”. Es hacerlo más legible.
Saisho compartió también su enfoque cuantitativo: indicadores de interés, adquisiciones, elasticidad calidad/precio, perfiles de coleccionista, comparación con un techo estimado.
Pero la idea no es convertir el arte en una hoja de cálculo. Es otra cosa: trazabilidad.
Poder explicar una decisión. Poder entender qué está ocurriendo en torno a un artista y por qué. Poder debatir con datos sin sustituir el criterio. Porque, en un mercado que ha convivido tanto tiempo con la opacidad, cualquier herramienta que ordene la conversación es una mejora.
Lo que dejó la noche
Más allá del contexto navideño, la velada confirmó algo que en Saisho defendemos desde el primer día: el arte contemporáneo no necesita menos complejidad. Necesita mejores marcos para entenderla.
La participación en BNP Paribas refuerza el papel de Saisho como puente entre cultura, criterio y nuevas formas de coleccionismo, y abre la puerta a conversaciones con instituciones que quieren acercar el arte desde un lugar más informado, más accesible y más transparente.Porque, al final, lo que celebramos no es solo un brindis.
Es una idea: la magia no es suerte. Es método.

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