Cada cierre de año, el arte contemporáneo ofrece una invitación implícita: volver a mirar el panorama actual con perspectiva, y atreverse a anticipar el futuro. Más que proyectar tendencias, lo que importa es afinar el criterio. Observar lo que ya está ocurriendo en ferias, exposiciones, mercados, y tratar de entender hacia dónde se mueve el valor real en arte, ese que no se mide sólo en cifras, sino en consistencia, lenguaje, proyección, y presencia.
Con esa idea, cada fin de año en Saisho hacemos un ejercicio que no busca la certeza, sino el enfoque. Reunimos una selección de artistas que consideramos que vale la pena seguir de cerca durante el próximo año.
Tabla de contenidos
Artistas media carrera con proyección sólida
No son emergentes, ni tampoco nombres consagrados (al menos no todavía). Pero llevan años desarrollando un cuerpo de obra coherente, riguroso, y reconocible. Los respalda una trayectoria firme, y en 2026 parecen estar cerca de un punto de inflexión.
Son artistas que han pasado por exposiciones importantes, cuyas obras circulan cada vez más en colecciones de alto nivel, y que ya han demostrado de lo que son capaces. No son novedad, pero serán novedad para muchos.

Adrián Guerrero
Conviene seguir de cerca a Adrián Guerrero en 2026. Su obra —precisa, sobria, atenta al peso, la tracción y el vacío— convierte procesos en pensamiento sin espectáculo. La cimbra convive con el concreto, el cable con la cerámica, y el texto se vuelve cuerpo legible. Hay una elegancia estructural que deja hablar a los materiales, y una claridad espacial que hace tangible el tiempo: lo que fue molde, lo que es masa, lo que queda como huella. Esa economía de medios, lejos de la retórica, sostiene una experiencia fenomenológica nítida y perdurable.
A este momento de madurez se suma un impulso público decisivo: su selección para crear esculturas urbanas con motivo del Mundial de 2026 en Guadalajara, México, su ciudad natal y una de las sedes del campeonato. El encargo dialoga de forma natural con su poética de tensiones visibles y procesos expuestos, y abre su vocabulario: equilibrio, vacío, dirección del tiempo, a la escala cívica y al tránsito cotidiano de miles de personas. En un año en que Guadalajara será escaparate internacional, la combinación de rigor material y pensamiento claro de Adrián Guerrero lo sitúa como una apuesta sólida y consistente para seguir muy de cerca.

Alejandro Pasquale
La obra de Alejandro Pasquale propone un pacto de quietud: retratos que respiran al ritmo de la botánica, donde la máscara floral no oculta sino que revela una identidad más amplia, compartida con lo vivo. Hay oficio de dibujo, capas de óleo discretas, y una luz templada que rehúye el énfasis; todo se ordena para sostener la mirada. La naturaleza no es un decorado, es la gramática del cuadro: nervaduras, pétalos, y hojas construyen la frase que el rostro enuncia en silencio.
Lo que distingue su trabajo es la coherencia sin rigidez. Mantiene un vocabulario reconocible —paleta contenida, figuras en estado de escucha, botánica estructural— y encuentra pequeñas variaciones de escala, densidad, y ritmo que evitan la fórmula. Sus imágenes convocan una atención antigua: se leen por capas, con la paciencia que reclama lo perdurable. Seguirle de cerca no responde a entusiasmo pasajero, sino al reconocimiento de una voz que crece con discreción y que, cuadro a cuadro, afina una ética de contemplación atenta al detalle y al vínculo con la naturaleza.

Lorenzo Fernández
En 2026, Lorenzo Fernández vuelve especialmente con fuerza: su pintura sostiene una promesa rara en tiempos de imagen acelerada. Sin recurrir a la fotografía, construye con lápiz, óleo, y acrílico una ilusión de presencia donde objetos, reliquias, y mitologías populares conviven en repisas y nichos que funcionan como vitrinas de memoria. La proeza técnica —dibujo riguroso, veladuras limpias, control absoluto del brillo y la sombra— está al servicio de una narración silenciosa que interroga qué entendemos por realidad cuando todo es pintura. De ahí parte su interés sostenido por las vanitas contemporáneas, los “espacios imposibles”, y ese equilibrio entre cultura de masas y sacralidad doméstica que atraviesa su obra.
Tras varios años de haber sido representado en Japón por la Galerie Taménaga, Lorenzo Fernández llega a Saisho con la intención de internacionalizarse aún más y establecerse en su país, España. Ese movimiento consolida un trayecto ya maduro y abre un capítulo fértil: dialogar desde aquí con una red global sin perder el pulso del estudio, afinar el dispositivo del nicho, tensar nuevas constelaciones de objetos y mitos, y sostener la pregunta central de su práctica —cómo ver— con la calma de quien confía en la mirada. Por rigor, coherencia, y potencia de desarrollo, será uno de los nombres recomendables a seguir durante el año.

Carla Cascales
En 2026, Carla Cascales profundiza su idioma material con una calma ambiciosa: fisuras que pasan de línea a territorio, kintsugi como estructura más que adorno, raku de transiciones térmicas complejas, y pigmentos minerales que insisten en el Mediterráneo como archivo de tiempo. Está experimentando y trabajando en nuevos formatos y materiales, siempre manteniendo una coherencia encomiable: la materia cuenta la historia (veta, craquelado, poro, brillo–mate), mientras la composición sostiene la tensión justa.
El año se perfila interesante a seguir precisamente por esa combinación de riesgo y medida. Sus series abren escala y se entrelazan entre pared, mesa, y volumen sin perder identidad ni lectura lenta. Si la constancia técnica acompaña esta expansión, 2026 puede asentar un cuerpo de obra aún más nítido: elegante, atento al cuidado, y capaz de crecer sin repetirse.

Xavi Ceerre
Xavi Ceerre ha construido un lenguaje pictórico propio que combina arte urbano, gestualidad, cómic, y texturas murales. Su trabajo oscila entre la intuición y el cálculo: composiciones que parecen espontáneas pero que esconden una estructura precisa basada en patrones de color, trazo, y forma. Esta tensión entre caos y control, alimentada por referentes como Basquiat, Miró, Dubuffet, o Tàpies, se nutre también de fuentes más primarias, como el arte prehistórico, el graffiti original, o el arte infantil, que el artista estudia para identificar patrones estéticos universales. En series como Streetplay, Circuitos o El idioma de los muros, esta investigación se traduce en superficies vibrantes donde la textura, el ritmo, y la materia juegan un papel central.
En lo conceptual, Ceerre se pregunta cómo acceder a una estética esencial previa a la domesticación cultural. Para ello integra elementos del arte primitivo, del arte urbano, del cómic, y de la creatividad infantil, articulando un lenguaje que conecta con impulsos perceptivos profundamente humanos. El resultado es una pintura que, pese a su apariencia caótica, mantiene un equilibrio interno riguroso y una fuerte resonancia emocional, situándolo cada vez más en contextos curatoriales exigentes y consolidando una voz tan híbrida como coherente.

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Artistas emergentes que están despegando




Aquí no hablamos de intuiciones sin fundamentos. Hablamos de artistas cuya obra, aún en etapas tempranas, ya muestra señales claras: de técnica, de pensamiento, de coherencia. Aquellos que han mostrado avances significativos en 2025 y que podrían marcar pauta internacional en 2026.
Sus valores de firma empiezan a crecer, su trabajo circula, y cada vez más coleccionistas están atentos. No son apuestas ciegas, sino talentos bien plantados que piden ser mirados con detenimiento. No es moda, es trabajo. Trabajo que empieza a notarse.
Pablo Álvarez
Pablo Álvarez llega a 2026 en un momento especialmente sólido tras el salto técnico y conceptual que ha dado en 2025. Su práctica, situada en la intersección entre tecnología y pintura, integra modelado 3D, dibujo, sonido, y materia pictórica para replantear el paisaje desde una experiencia expandida y sensorial. Sus obras funcionan como universos metapictóricos en los que lo digital y lo gestual conviven con naturalidad, abriendo nuevas formas de lectura y percepción.
La acogida entre asesores y coleccionistas de largo plazo ha sido muy positiva, con un crecimiento sostenido en interés y demanda. Con un lenguaje cada vez más maduro y una investigación que se abre a colaboraciones con perfiles científicos y creativos, del sonido a la biología o las matemáticas, el artista se perfila como una de las voces emergentes con mayor recorrido dentro de Saisho. Todo apunta a que 2026 será el año ideal para consolidar su expansión y reforzar su posicionamiento en el mercado.
Alejandra Glez
Alejandra Glez merece estar bajo el radar en 2026 porque ha convertido el agua en un lenguaje crítico y sensible a la vez. Su obra, que nace del cruce entre ritual afrocaribeño, memoria, y una poética del cuerpo, ha encontrado una forma madura de decir sin subrayar, de denunciar sin perder el pulso de la belleza. Allí donde otros se quedan en el símbolo, Glez desplaza el mar del fondo al sujeto: no es escenario, es agente de renacimiento y archivo de lo que duele. Las cajas de luz, los coros de mujeres, las trenzas como constelaciones táctiles, y la liturgia del gesto mínimo componen un repertorio reconocible que, lejos de repetirse, ensaya variaciones geográficas y materiales con una coherencia poco común en artistas de su generación.
En un tiempo en que la conversación cultural se inclina hacia lo reparador —memoria, migración, ecologías afectivas—, su práctica responde con precisión, activa comunidades, y mantiene una lectura formal limpia, sin retórica sobrante. Seguir sus pasos este año es atender a una obra que ya dialoga con instituciones y colecciones desde un lugar propio, capaz de sostener impacto simbólico y calidad técnica en el largo plazo.
Alejandro Pantín
Alejandro Pantín ha encontrado una forma clara y reconocible de trabajar: tomar libros, revistas, y enciclopedias en desuso y, con una precisión casi arquitectónica, tallarlos hasta que del estrato de tinta y fibra emerjan rostros, bustos, y relieves. En sus piezas, el libro deja de ser contenedor para volverse cuerpo; el texto, lejos de desaparecer, queda como pátina y huella de memoria. Esa operación, entre reciclaje, figura, y topografía, convierte la obsolescencia del soporte en una estética de cuidado y una ética del anti-descarte.
Lo respalda, además, una trayectoria reciente consistente (individuales, presencia en premios y selecciones) y un campo de expansión evidente: escala, híbridos murales, y diálogo con la historia del libro y las ecologías del conocimiento. Hay coherencia formal, claridad conceptual y oficio, y sobre todo, una materia que aún puede crecer sin perder identidad. Seguir de cerca su producción este año significa apostar por una práctica que ya sostiene calidad técnica y sentido crítico con proyección de recorrido.
Miguel Piñeiro
Con un estilo cargado de crítica e ironía, Miguel Piñeiro llega a 2026 con una base sólida, tras en 2025 haber reforzado su posición dentro del hiperrealismo contemporáneo español. Su obra utiliza la precisión técnica para cuestionar los límites de la percepción y los códigos visuales del presente, incorporando referencias a la publicidad, el diseño, y la cultura del consumo.
A través de composiciones calculadas y un control excepcional de luz, color, y texturas, construye imágenes que se mueven entre lo fascinante y lo inquietante. Reflejos, transparencias, y trampantojos funcionan como herramientas conceptuales para hablar de simulacro, deseo, y memoria colectiva, conectando con coleccionistas que buscan excelencia formal y discurso.
Aprender a mirar con criterio
Esta lista no es una apuesta cerrada ni una promesa de rentabilidad. Es una invitación a mirar con criterio, a leer los procesos más allá del presente inmediato, y a seguir trayectorias que no se agotan en una feria o en una venta puntual.
En el arte, como en cualquier construcción de valor, lo que verdaderamente importa es el tiempo. El tiempo que tarda una obra en hacerse, un lenguaje en madurar y establecerse, o una mirada en entender lo que está viendo.
En Saisho, buscamos ayudar a coleccionistas e inversores a afinar su mirada, a aprender a anticipar lo evidente, y a coleccionar desde el criterio. Los artistas que marcarán el futuro no siempre son los más visibles hoy. Pero sí los que ya están diciendo algo que vale la pena escuchar.
Para entender el futuro, a veces conviene repasar el año que termina. Además de esta selección de artistas con potencial hacia 2026, en Saisho también hemos preparado una retrospectiva de quienes tuvieron un año especialmente sólido en 2025, y cómo sus trayectorias se consolidaron a lo largo del año. Puedes leerla aquí.

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