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Sostenibilidad en el arte: materiales, mensajes, y artistas que piensan el futuro

En el Día Internacional de la Energía Limpia, celebrado el 26 de enero, no basta con hablar de tecnologías o de políticas energéticas. También el arte, como campo de pensamiento y acción, tiene algo importante que decir. En el caso del arte contemporáneo, la sostenibilidad se ha vuelto una de las líneas más urgentes, tanto a nivel material como conceptual.

¿Qué significa sostenibilidad en el arte?

Lejos de ser un mero recurso técnico, la sostenibilidad en el arte implica repensar cómo se produce, qué se representa, y desde dónde se enuncia. ¿De dónde vienen los materiales? ¿Qué residuos genera una práctica artística? ¿Cuál es el impacto simbólico de una obra en el imaginario colectivo?

A lo largo de las últimas décadas, múltiples artistas han abordado estas preguntas desde distintos frentes: reciclaje de materiales, crítica al consumo, visibilización de residuos, o incluso nuevas formas de espiritualidad ecológica. Pero más allá de la técnica, el arte sostenible no se define por lo que evita, sino por lo que propone: una manera de mirar el mundo que combine belleza, conciencia, y transformación.

Tres artistas internacionales que reinventan el residuo

Vik Muniz

El artista brasileño Vik Muniz es un referente indiscutible del arte sostenible. Utiliza materiales reciclados, desde basura hasta alimentos o pigmentos industriales, para construir retratos y paisajes de gran escala que sólo se revelan en su conjunto al ser fotografiados. En proyectos como Waste Land, Muniz retrató a los trabajadores de uno de los vertederos más grandes de Río de Janeiro con los materiales que ellos mismos recolectaban, generando así una doble representación: social y estética.

Ai Weiwei

Comprometido políticamente y siempre atento a los símbolos del presente, Ai Weiwei ha creado algunas de las obras más potentes de crítica ecológica de las últimas décadas. Desde sus instalaciones con madera reciclada de templos destruidos hasta sus esculturas con chalecos salvavidas recogidos en las costas de Grecia, su obra articula un discurso donde el residuo se convierte en memoria, y donde la sostenibilidad se inscribe también como derecho humano.

Yoko Ono

La artista y activista Yoko Ono ha trabajado durante años desde una sensibilidad conceptual donde la sostenibilidad no es tanto una técnica como una filosofía. En obras como Wish Tree, propone una experiencia colectiva y poética en torno al cuidado, la esperanza, y la relación con la naturaleza. Su práctica demuestra que el arte también puede ser sostenible desde la inmaterialidad, desde lo simbólico, y desde la invitación a crear comunidad.

Artistas Saisho que trabajan desde el residuo y la conciencia

En Saisho, la sostenibilidad, más que una tendencia, es parte del criterio. Por eso, algunos de los creadores más innovadores que forman parte de nuestra red de artistas trabajan con materiales reciclados o reflexionan críticamente sobre el impacto del consumo en su obra.

Pablo Llana: residuos como espejo social

La obra de Pablo Llana se sitúa en un cruce complejo entre arte, crítica social, y política del consumo. Originario de Tijuana, una ciudad frontera que condensa muchas de las contradicciones del sistema global, Llana utiliza envoltorios de comida ultraprocesada como materia prima de sus obras. Lejos de lo anecdótico, esta elección parte de una investigación profunda sobre las dinámicas del capitalismo, la construcción de identidad alimentaria, y la cultura del desecho. En sus manos, los residuos no sólo se transforman en arte, sino que se convierten en símbolos de una época donde lo efímero rige incluso lo vital.

Sus series como Dieta Nacional, Soft Power, o Naturaleza muerta contemporánea funcionan como una arqueología del presente. En ellas, el artista encapsula envoltorios brillantes, etiquetas de productos, y fragmentos del imaginario publicitario para construir composiciones que oscilan entre el mosaico pop y el manifiesto político. El resultado es una obra de impacto visual inmediato, pero cargada de capas de lectura: sobre nutrición, clase social, geopolítica, y estética. En lugar de denunciar desde la distancia, Llana se apropia del lenguaje visual del sistema para revertirlo desde dentro, generando una poética del residuo que incomoda y seduce al mismo tiempo.

Su práctica no sólo propone una estética sostenible en el uso de materiales, sino una sostenibilidad conceptual: una forma de pensar el arte como herramienta para revisar el presente, desmontar discursos dominantes, y visibilizar lo que el mercado prefiere ignorar. En un panorama saturado de imágenes limpias y promesas vacías, el trabajo de Llana nos recuerda que el arte también puede ensuciarse las manos para mostrar la verdad.

Alejandro Pantín: rescatar la memoria de lo descartado

Alejandro Pantín trabaja con un material tan cotidiano como cargado de simbolismo: el libro. Pero no cualquier libro, sino aquellos que han sido desechados por obsoletos. Con una formación en arquitectura y una sensibilidad escultórica refinada, Pantín, una de las nuevas incorporaciones a Saisho este 2026, desarrolla una práctica que convierte estos objetos en formas tridimensionales cargadas de tensión visual, precisión técnica, y profundidad conceptual. Su método, basado en cortes topográficos realizados a mano, genera volúmenes que emergen capa a capa, como si la información impresa se tradujera en cuerpo, identidad, y permanencia.

En series como Musas o Rostros, el artista no sólo transforma lo impreso en escultura, sino que propone una relectura simbólica del conocimiento. Lo que antes era texto se convierte en materia plástica, lo que antes se desechaba por anticuado adquiere un nuevo valor como testimonio físico de una época. La sostenibilidad en su obra no es decorativa: es una ética de trabajo. Al recuperar libros que el sistema ha condenado al olvido, Pantín plantea una resistencia silenciosa frente a la fugacidad de la información digital, reivindicando la lentitud, la memoria, y lo tangible.

Su obra, además, dialoga con la historia del arte desde una posición contemporánea. Las referencias al cuerpo clásico, la espiritualidad de la forma, y la investigación sobre la belleza no son gestos nostálgicos, sino estrategias para volver a conectar con una tradición desde nuevos lenguajes. Así, Pantín demuestra que la sostenibilidad también puede estar en la permanencia, en la relectura del pasado, y en la capacidad de dotar de nueva vida a lo que parecía agotado.

Gastón Lisak: arqueologías del presente

Gastón Lisak parte de una premisa fundamental: los objetos tienen memoria. Desde su estudio en Barcelona, el artista construye esculturas y composiciones que, más que representar, invocan la historia silenciosa de lo cotidiano. Influenciado por el Arte Povera y por discursos ligados a la antropología material, Lisak recupera objetos encontrados, fragmentos de basura urbana, y materiales descartados, y los transforma en obras que parecen reliquias de un futuro aún no escrito.

Su serie Arqueología Mundana es un ejemplo de esta visión especulativa. En ésta, las piezas se presentan como fósiles contemporáneos: objetos encapsulados en látex o resina que narran encuentros, hábitos, y emociones a través de una estética que mezcla lo sagrado con lo pop, lo íntimo con lo colectivo. Como si el arte pudiera detener el tiempo, Lisak convierte lo banal en archivo, lo residual en testimonio. Su trabajo es un llamado a prestar atención a aquello que nos rodea y que solemos ignorar: una invitación a mirar de nuevo el presente desde la lente del futuro.

Además de su técnica meticulosa, la práctica de Lisak está atravesada por una filosofía vitalista. Cofundador del colectivo Random Happiness, cree en la felicidad como fuerza política, y en el arte como herramienta de transformación emocional y social. En su obra, la sostenibilidad no es sólo material, sino también emocional: una forma de habitar el mundo con más conciencia, cuidado, y presencia.

Más allá del residuo: una estética para el futuro

Estos artistas no sólo reutilizan materiales. Reformulan nuestra relación con el tiempo, la materia, y la belleza. En lugar de esconder el origen de sus materiales, lo exhiben. En lugar de producir sin conciencia, construyen desde la pregunta.

Todas estas obras representan algo más que un objeto estético. Representan una forma de pensar el mundo. Y para todos los coleccionistas en Madrid que prefieran descubrirlas en persona, S Gallery ofrece visitas con cita previa, donde es posible conocer a fondo el trabajo de estos artistas y dialogar sobre su enfoque.

Además, para quienes se inician en el coleccionismo, la guía gratuita para coleccionistas de Saisho ofrece claves prácticas para aprender a mirar, entender el valor de una obra, y construir una colección con visión a largo plazo.

Un arte que piensa en el presente (y no sólo lo representa)

La sostenibilidad en el arte no es una tendencia ni una categoría. Es, cada vez más, una postura. Una forma de trabajar, de mirar, de implicarse con el entorno sin renunciar al lenguaje propio. Lo vemos en artistas que reutilizan materiales, sí, pero también en quienes se toman el tiempo de cuestionar qué están produciendo, para qué, y desde dónde.

No se trata de esperar que el arte resuelva problemas globales. Pero sí de reconocer que hay obras que nos invitan a pensar distinto. A detenernos. A ver valor donde antes sólo había residuo. 

Al final, la sostenibilidad no es sólo una cuestión de recursos. Es también una cuestión de atención: a los procesos, a los materiales, al tiempo. Y quizás por eso, los artistas que trabajan desde ahí no sólo producen obras interesantes, sino también necesarias.

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